Tónica, subdominante y dominante
En cada tonalidad hay tres acordes que mandan. El del I grado, la tónica, es el reposo. El del V, la dominante, es la tensión que pide volver al I. El del IV, la subdominante, aleja de la tónica y suele preparar la dominante.
Los ejemplos están a cuatro voces: el bajo en clave de fa y las otras tres en clave de sol.
Cadencias que terminan
La cadencia perfecta va de V a I. Es el final más firme: la sensible (Si, en Do mayor) sube a la tónica y el bajo salta de Sol a Do.
La cadencia plagal va de IV a I. También acaba en la tónica, pero más suave, sin sensible. Es el «amén» del final de muchos himnos.
Cadencias que dejan la frase abierta
La semicadencia acaba en el V. La frase se para, pero con tensión: espera que venga otra.
La cadencia rota empieza como la perfecta, en el V, pero en vez de ir al I va al VI. El oído espera la tónica y le llega otra cosa.
Para distinguirlas de oído, escucha primero el final: ¿reposa o se queda en el aire? Si reposa, perfecta o plagal; si no, semicadencia o rota. Después mira el bajo.